Las etiquetas, para los botes de Ketchup

JhonFphoto


Claro que no es sano querer que alguien te controle y te dirija. Ni que te den de hostias, ni que te corten o te claven agujas, ni que te lleven a estados alterados de conciencia, ni es seguro exhibirse ni entregarse. Tampoco es sano ni seguro fumar, ni beber, ni trabajar a destajo, ni el café, ni... y elegimos hacerlo igual.

No me importa si no es sano, me importa si me hace feliz.

Durante un tiempo, las etiquetas fueron muy importantes para mí. Las etiquetas, la teoría, conocer cada detalle del submundo en el que estaba entrando. Tengo largos escritos sobre lemas, términos, conceptos. He entrado en los debates cíclicos: ¿sumiso y esclavo son lo mismo? ¿el kink nos va a destruir a todos? ¿es peor un sadosaurio o un follamentes? ¿a qué huele la entrega? Ahora es tan distinto que tengo que darme un capón metafórico para no mirar a mi yo del pasado con condescendencia por su ingenuidad, por esa necesidad ávida de comprender la comunidad como si así pudiera formar parte de una.

Creo que necesitaba sentirme parte de un grupo de alguna forma, no tanto por el aspecto social de ese hecho (que supongo que también, para no sentirme sola) sino por la validación que suponía para mis gustos y, sobre todo, para mis sueños. Si lo que a mí me excitaba excitaba también a otros significaba que mis fantasías podían realizarse. Yo traía lo mío, me faltaba entender el resto para poder encontrar gente con la que encajar y por fin poder vivir la vida sadomasoquista soñada.

Tenía 19 años cuando empecé. Supongo que eso también influye de alguna manera.

Ahora es distinto para mí. He explorado etiquetas que antes rechazaba por temor a que dejasen de considerarme sumisa y perdiera así la posibilidad de tener la D/s que soñaba tener. Pero poco a poco, gota a gota, hay una idea que me ha ido calando: no tengo que encajar en ninguna etiqueta, no tengo que limar mis particularidades ni perfilar mis gustos para adecuarme a ellas, sólo tengo que ser y vivir. Las etiquetas no son una fotografía de quienes somos, sino el título de un libro extenso y complejo.

Estoy en un momento en el que no me interesa tanto "qué soy" como "quién soy" y "cómo soy". Si me preguntan, diré que soy suya, que soy su pareja y que soy una depravada con gustos peculiares. Si me piden una etiqueta, sería sumisa, pero a mí se me queda corta y otras dirán que me queda grande.



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